Después de leer La sal de la tierra, de Efraín Sánchez Trinidad, no sé si pueda otra vez desconocer mis dudas. El visionario se instala en el umbral, en esa zona liminal donde la certeza se fractura y la palabra se vuelve acto de transgresión. Desde allí, convoca símbolos y figuras, míticas o bíblicas, para desafiar la aridez del destino. No las usa como ornamentos, sino como herramientas para rehacer lo que parecía irrevocable. Cada imagen es un gesto de superación, una afirmación de que la precariedad puede convertirse en territorio fértil, cuando se nombra y se transforma en poema.
–Osmán Avilés
Escritor y profesor cubano
Lector
a ti que te arrastras
por los costados
del desvelo,
a ti que fetal
te encuentra la luna en la cuna,
a ti que no te besa el amor
ni acampan ángeles a tu diestra,
a ti que te pierdes en el ayer
buscando las razones de tu suerte,
a ti, que lates, te ofrendo
el fruto agrio de mis manos
Efraín Sánchez Trinidad nació en 1988 en Carolina, Puerto Rico. Egresado de la Universidad de Puerto Rico, posee un Bachillerato en Ciencias Naturales con una concentración en Biología Marina Costanera del Recinto de Humacao y una Maestría en Literatura Comparada del Recinto de Río Piedras. Su tesis, distinguida con el Premio Jaime Giordano, fue publicada con el título Julia de Burgos y el poeta maldito (2023). Sánchez Trinidad participó como poeta en la antología del Círculo Literario de la UPR en Humacao, Vuelos del Vértigo (2019, Mención de Honor por el PEN de Puerto Rico Internacional), del cual a su vez es Miembro Honorario. La sal de la tierra es su primer poemario.